Haikú de los Poetas

Sólo el poeta
sabe hacer los milagros
como dios manda.

domingo, 25 de octubre de 2009

Al día siguiente:




Las grandes esperiencias,
las ardientes sonrisas,
embaucadoras miradas
y las alegres fragancias
no son más que recuerdos
al día siguiente.
Recuerdos que al mezclarlos
todos juntos
obtenemos la esencia
de los grandes perfumes.
Olores que al flotar
hacen al cuerpo volar,
sensaciones que al sentirlas,
sientes el fuego revivir alegre
dentro del corazón;
sentimientos secretos,
sólo aptos para ti.
Hoy sólo tengo recuerdos,
recuerdos que al mezclarlos
se vuelven felicidad.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Unas breves líneas



A escasos días del aniversario del día en el que cruzamos nuestras miradas por primera vez en el Parque de Atracciones de Madrid, se me ocurre dedicarte unas escasas y pobres líneas para agradecerte lo que desde entonces has hecho por mí. Nunca podré olvidar las incontables ocasiones en las que mis ánimos estaban por los suelos y tú, Anita, supiste elevarlos, las horas pasadas frente al ordenador hablando de cosas tan importantes para nosotros que para el resto de la gente eran insignificantes, los planes que organizábamos para vernos una vez más. Siempre tendré en mi mente tu humor, único en el mundo entero, tu facilidad para bromear sobre las cosas más tristes consiguiendo así arrancarme una sonrisa, tu cuidada forma de hablarme a través del MSN, el tiempo que nos dedicamos. Recuerdo ahora, aquella tarde de febrero en la que salimos los dos del cine, nuestro paseo por los tejados de las catedrales de Salamanca, nuestra siesta en el parque de los Jesuitas, aquella noche de fiesta, el diario de aquel mítico fin de semana de febrero (y los ojos que pusiste cuando lo viste) donde se esconde el cuento que, metafóricamente, narra nuestra gran aventura, nuestras sonrisas cómplices al rozar nuestras miradas. Todos son recuerdos buenos, inolvidables buenos recuerdos que siempre guardaré bajo llave en un cofre en lo más profundo del mar rojo que hay en mi corazón. Un año ha pasado desde que nos vimos por primera vez, desde que entre tú y Walter me duchasteis en aquella montaña rusa de agua. Y hoy, aquí, sentado frente a mi ordenador, no se me ocurre otra cosa que decir: “Gracias, Aniusky, por estar a mi lado”